15 de enero de 2011

Blues en León


Al abrir la puerta de su casa, percibió que ella se había adelantado. Y no hacía mucho. Ese aroma a violetas aún suspendido en el aire era inconfundible. Lo siguió por la escalera, en el portal, fuera, hasta que se hizo  insoportablemente atractivo y reconocible. Las calles estaban desiertas en ese Barrio Húmedo tan peligroso de las cuatro de la tarde y de locos y cornadas de lobos. Miró a su alrededor. La encontró confundiéndose con dos músicos de flauta y coco. Sacó su guitarra templó su voz con un trago de su dulzón licor de violetas y se marcaron unos bluses a la sombra del alcohol y sus soledades. Ella, lo último que vio fue saltar dos cuerdas justo en el momento que hacía un solo canalla con su mechero como slide. Luego sintió como un fuerte empujón en su espalda y por el humo, reconoció la sonrisa de su marido. Y ese diente de oro, que cuando ríe se ve brillando.






- Pena, ahora cuéntame algo alegre, pero con música...
- Pues como no sea una jota...
- O cumpleaños feliz a Su

7 comentarios:

M. dijo...

No es oro todo lo que reluce ni ojo en la viga del incendio.

depropio dijo...

Ese diente de oro es lo que dota de intensidad al relato. Si lo quitas, parece que no pasa nada; lo pones y da miedo imaginar lo que puede pasar después. Inquietante, bicef.

Maite dijo...

Totalmente de acuerdo con depropio, la carga la lleva ese diente de oro. Y también vengo a acompañaros (aunque no tengo buena voz) en ese canto de cumpleaños feliz para Su ;)

Anónimo dijo...

Me encantó, pero cuéntame una cosa: ¿Por qué el barrio húmedo es peligroso a las cuatro? ¿No es más peligroso a la hora del tapeo, por lo que pueda pasar?
Otra cosa, el diente de oro no será que se lo sacaron a Pedro N., ¿verdad? Es que si es me temo que la historia acabe mal.
Saludos, Bice, muy bueno.
Hugo

Su dijo...

Ay Bicefa! Q me emociono! Muchas gracias!
Y Maite, que cantan muy bien, que desde aquí les he oído. Gracias!!

Anita Dinamita dijo...

La música la escucho, y no solo la de feliz cumpleaños
Un abrazo

Torcuato dijo...

¿A quién se le ocurre casarse con Pedro el navajas?
Un abrazo, Bicefa.