24 de octubre de 2010

Sentado a la orilla

Y cuando me pregunten si quise perderme por las veredas, recorrer los caminos en dirección contraria, buscar hadas en los árboles y gnomos debajo de las piedras. Respirar aire limpio del sur y calentarme a su abrigo. Que si quise navegar a la deriva. Que si me planteé parar de reírme en medio de la pena...

Diré que no. Que ha ido pasando. Que me ha ido pasando, como los años. Sin sentirlo.



- Pena, yo no te veo tan mayor...
- Ya, sobretodo teniendo en cuanta que somos mellizas.
- Pues por eso

8 comentarios:

Liliana G. dijo...

Nada tiene que ver ser mayor (¿acaso tenés más de cien años?) con tener una actitud en la vida. Esta (la actitud) nos quita el peso de los años con sólo guardar la pena y disfrutar de la alegría. Si el pasar es tan corto, que no sea pequeña la risa que adorna nuestros días...

Me encantan tus reflexivos textos, Bicefa.

Besazos.

Torcuato dijo...

Bien. Los que se dejan llevar por la corriente están muertos.
Un abrazo.

impresiones de una tortuga dijo...

No somos mayores, pero la vida está llena de penas, por éso no puede faltar la alegría. ¿Qué sería una sin la otra?. Saludos.

Maite dijo...

Hay que pasar por la vida, sin que la vida pase por ti.
Un abrazo, bice

Anita Dinamita dijo...

Es una triste reflexión, quizá hasta determinado momento la vida va pasando, y un día vas y coges las riendas y lo haces por decisión propia.
Seguro que no son tan mayores Pena y Alegría!
un abrazo

Kum* dijo...

Joder, Bicefa. Me acaba de pasar eso: eso de leer algo que debía haber escrito yo. Te odio.

Felicidades. Buenísimo. Cargadísimo de sentido, al menos para mí. Parece que hablas de mi vida, condenado. Quizás menos en ese final... yo procuro sentirlo, darme cuenta. Los años, y todo.

Con tu permiso, lo cuelgo en sugerencias...

Kum* dijo...

Por cierto, Bicefa, lo olvidaba.

Ahí te va... bueno, yasabes...

EMILIA CORDERO SÁNCHEZ dijo...

A quien la vida le resbala, simplemente le pasa, como el agua sobre la roca, sin apenas dejar huella, es como el niño al que regalan el mejor juguete del mundo y no aprende a jugar con él. ¡Con lo bien que se lo pasaría!
Me encanta tu reflexión.