6 de septiembre de 2014

De peso en pico

Picoplomo era un canario extraordinariamente pesado. No había balancín que soportara su peso. La jaula pasó de la pared a la encimera de la cocina tras reventar la alcayata del seis que la sujetaba.
Murió la abuela y, en polvo y urna de plata, relegó al relindo pajarote al suelo de la terraza, donde canta en silencia a cada una de las flores que pasan a su lado ausentes.


- Ya me gustaría tu ausencia, Pena.
- Sería demasiado aburrido y previsible todo...

3 comentarios:

Dyhego dijo...

Espero que sus trinos no fuera metálicos.
Salu2, Bicefa.

L. N.J. dijo...

Podría ser esa figura, Picoplomo embalsamado. Tiene su mérito.

Un beso

Ana dijo...

Al menos él ve su jaula, nosotros vivimos enjaulados sin saberlo ;)