30 de abril de 2014

Sin rutinas


Buscaba las calles más concurridas para, con sus manos extendidas, ir impregnándose de los olores de los viandantes: colonias infantiles de bebés rechonchos que dormían tranquilos en sus carricoches, lila y rancio de una mujer con generosas carnes que mostraba sin pudor, té verde de una preciosa chica de pelo afro con ojos infinitos, tabaco de pipa de un pretencioso y denostado caballero sindicalista, frescura melancólica del sur de bellas y tenues sonrisas, recuerdos secretos de alguien que conoció y ahora no recordaba dónde...
Intentaba atesorar todos los aromas, esa mañana iba a ser dura, tenía que ensobrar cientos de cartas en la oficina y ya se sabe que a nadie le gusta recibir una carta que no huela a nada.


— Ya estoy cansada de tanta carta de bancos y de publicidad
— Pena, ya no llegan cartas como las de antes, y los mensajes no huelen.


3 comentarios:

Anita Dinamita dijo...

Qué gusto que haya quien se dé a su trabajo con tanta eficacia. Yo también quiero que me llegue una carta con aroma.
Abrazos

Dyhego dijo...

¡Con el que gusto que da recibir una carta con buen olor!
¡Lástima!
Salu2 a ambos, Bicefa.

L. N.J. dijo...

Debes de retomar esa costumbre, quizás a alguien le guste. Yo lo hacía de pequeña y ahora sólo le escribo a dos personas.

Bice, una entrada muy bonita.